El vino y el cambio climático !

     El cambio climático. Mientras estaba pensando en como redactar este mini artículo para dar cabida a un montón de ideas, comentarios, y proyectos, estaba pensando en cual debería ser el objetivo del mismo. Porque la cosa es demasiado seria como para no plantearnos qué hacer o como actuar. Tras investigar un poco, leer y no caer en la depresión después de analizar los datos, he creído conveniente en que el objetivo es claro y es crear conciencia. Y espero que cuando lleguéis al final del artículo haberlo conseguido ! Vamos a ello!

     Todos los indicadores térmicos y bioindicadores, inciden en que la temperatura del planeta está aumentando a un ritmo vertiginoso. Si veis (cosa que recomiendo) el documental “una verdad incómoda” de Al Gore, que se puede encontrar fácilmente en youtube; primero nos daremos cuenta del origen del calentamiento global y toda su repercusión. La industria proveniente de los combustibles fósiles desde la revolución industrial en el siglo XIX, han provocado que la capa de atmosfera sea más densa, provocando que los rayos ultravioletas provenientes del sol, no salgan reflectados fuera del planeta como es debido, quedándose atrapados y aumentando así la temperatura global. Los  niveles de co2, nunca han pasado de 300 partes por millón en lo que llevamos de existencia del planeta, pero ahora nos estamos saliendo de las tablas y en los proximos 50 años será peor.

     Según el naturalista, escritor y divulgador ambiental, que he conocido gracias a Jesús Pozo en el programa de Nieves Consconstrina “cualquier tiempo pasado fue anterior”, nos comenta que es un hecho observable que la secuenciación de las estaciones se ha alterado, ya que apenas hay diferencias entre variaciones de primavera u otoños por ejemplo. Pero también apreciable en como las golondrinas llegan antes o las hojas de los robles caen más tarde de lo que deberían; en el agotamiento del agua de los embalses, pero también es observable en las miles de imágenes que vemos de los glaciares cayéndose cada día. Todos los modelos climáticos nos indican un aumento de las temperaturas y una escasez de las pluviometrías.

     Yo tengo una teoría muy particular en cuanto al almacenamiento de agua se refiere y es lo que llamo  “la paradoja de la acumulación de agua”. Nos hemos dedicado a acumular agua por todos sitios. En depósitos para consumo humano, en el interior de las casas, ya bien sea para consumo humano, o para uso antiincendios, en cantidad de productos que necesitan agua, pero el colmo radica en el agua embotellada. Embotellamos agua que deja de estar fuera del circuito de agua habitual. En los refrescos  y demás productos que llevan agua. Todo lleva hoy en día. Esto produce que la cantidad de agua fuera de su circuito sea muchísimo menor, y de ahí que se produzca un aumento de las temperaturas, y la naturaleza deshiele para conseguir más agua.

     En cuanto al cultivo se refiere, la vid es una planta espectacular, y que dispone una adaptación total a la hora de ser cultivada, teniendo una amplitud térmica enorme y su sometimiento al agua; puesto que se planta en lugares lluviosos y húmedos como pueden ser las Rías Baixas o zonas secas como puede ser Jumilla con <300 ml de lluvia o extremadamente secos como Lanzarote con <100 ml. O en latitudes muy al norte como puede ser la zona de la Champaña en Francia o muy al sur como Marruecos donde el clima es extremadamente seco y caluroso.

     Los cuatro factores que afectan directamente a la elaboración del vino, son el Terroir, el Clima, la variedad y la acción del hombre. Y de todos , en el que menos se puede actuar es sobre el clima. Con el aumento actual de las temperaturas, la consecuencia directa sobre la vid es que aumente sobremanera el grado de azúcar en la baya y que aumente el ph. A esto hay que sumarle que las pieles y las semillas maduran de una manera más lenta, lo cual produce un problemón a la hora de vendimiar, ya que es muy complicado elegir el momento de vendimia. Esto además produce falta de color en los vinos y que estos, debido a que las semillas están verdes, producen un tanino amargo y astringente bajando la calidad. El aumento de las temperaturas globales, también afectará a que haya vinos que sean sobremadurados.

      Pongamos por ejemplo la Garnacha, una uva que tradicionalmente se ha vendimiado a finales de septiembre o principios de octubre, después de San Mateo y que ahora se vendimia a finales de agosto y con un aumento de grado de hasta 14 o 15º y la piel completamente verde. Y es que, otro hecho observable es que la vendimia se ha adelantado en todas las zonas. Un estudio realizado en la Conca de Barberá, indica que en los últimos 25 años, la vendimia de la uva Macabeo se ha adelantado 25 días, lo que supone 1 día por año.

    En los vinos tintos, se ha observado que se ha pasado de tener 13,5 º a 14 o 15º, con un aumento del ph, pasando de 3 a 4 y cuyos peligros microbiológicos ya los han destacado investigadores , porque al ser menos ácidos, están expuestos a más enemigos como las bacterias acéticas o el bret (brettanomyces) que puedan atacar al vino y dar olores y sabores desagradables.

    En el resto de variables que influyen en el vid sí que se pueden actuar, como pueden ser las técnicas de cultivo, que pueden ir ayudando a mejorar la calidad de los vinos conforme aumenta la temperatura global, como subir más espalderas para buscar sombra, podas en verde o reorientación de los surcos. Pero todo esto por supuesto, encarece la producción y por supuesto el vino.

     Las otras variables son cambiar de variedad, en cuyo proceso actual se están buscando clones de las actuales que soporten mejor el aumento de las temperaturas y luego está la opción de cambiar de finca. Bodegas como Torres, que están muy muy implicadas en el tema del medio ambiente, están buscando nuevas plantaciones que las están ubicando en el pre-pirineo, en donde las temperaturas son más frescas y la subida afectará menos.

     Las uvas suelen estar sometidas a stress hídrico, sobre todo en la parte final de la maduración, pero el problema está ahora que se están somentiendo a un stress demasiado temprano, entorno a 2 meses antes. Esto produce que la planta tire la hoja y la uva no madure bien. Acumulando demasiado alcohol derivando en falta de aromas, acidez y componentes cualitativos.

     Actualmente y gracias a nuevas técnicas de riego, podemos conseguir que el consumo de agua sea más eficiente; y donde se está desarrollando una labor genial es en intentar controlar los niveles de co2 y minimizar la huella de carbono. Antes comentaba las Bodegas Torres, pero junto a otras bodegas miembros del FEV (Federación Española del Vino), y en colaboración con AENOR ,  y partiendo de la “Declaración de Barcelona”, y de ahí se derivó en un compromiso de las bodegas por la sostenibilidad, creando una certificación dura y exigente para conseguir este fin. Esa certificación tiene cuatro criterios de evaluación: La reducción de gases efecto invernadero, la reducción de residuos, una gestión sostenible del agua y empleo de energías renovables y eficiencia energética.

     Las bodegas que se han añadido o las que directamente lo han impulsado, han aplicado la sensatez y la coherencia, puesto que si el vino es un producto de la tierra, y la tierra la estamos maltratando, pues no tiene sentido lo que estamos haciendo. Y es que, la acción del hombre es la que está llevando al planeta a un colapso. Cambios climáticos en el planeta siempre ha habido, pero siempre por causas naturales. Es ahora donde este cambio se está produciendo por la injerencia directa del hombre.

     El 15 de noviembre de 2012, se presentaron los resultados del proyecto Cenit Deméter, que duró 4 años, desde 2008 a 2011, el cual formado por 26 empresas vinculadas a la viticultura con un grupo multidisciplinar, llevaron a cabo una labor de investigación de carácter estratégico cuyo objetivo era generar los conocimientos científico-técnicos en el sector para hacer frente al cambio climático.  Se ha investigado en todos los aspectos de la vitucultura y enología, para determminar las causas/efectos que tiene el cambio climático en la uva y tratar así de determinar las estratégias vitícolas y enológicas que traten de atenuar, paliar o eliminar los efectos del cambio climático.

    Se han estudiado más de 800 genes vinculados a la maduración, se ha estudiado como afecta la temperatura y el stress hídrico a variedades como la tempranillo, albariño y verdejo. Se ha estudiado a nivel vitivinícola como hay que gestionar el viñedo para la adaptación al cambio climático. Se han estudiado las levaduras y sus procesos de fermentaciones en varios supuestos. Se ha estudiado las bacterias que afectan a las vides.  Es un amplio estudio que busca que las bodegas sean más eficientes, eficaces y buscar métodos de próducción menos costosos para elaborar vinos de calidad.

     En resumen, el cambio climático es un efecto producido por el hombre que nos afecta en todo. Los veranos serán más calurosos todavía, escasez de lluvia y todo lo que eso conlleva. Nos basamos en un modelo energético ineficiente, basado en la busqueda de la riqueza de quien posee la energía y no en una alternativa sostenible que no contamine, pero como muy bien ha dicho Miguel Torres, “para la política no es rentable”. Y es que todavía quedan mucho flecos que coser y es hora de trabajar duro. Si no, ¿que futuro planeta le vamos a dejar a nuestros hijos?. Muchos piensan que yo no estaré aquí para verlo, pero esa postura egoísta, que nos sitúa en la edad media, es la que provoca que no se avance. Tenemos que cambiar nuestras prácticas y hábitos cotidianos, recliclar, consumir energía de manera eficiente, coherente. No depender de los consumibles fósiles y buscar energía renovable, estimular por parte del gobierno placas fotovoltáicas para instalar en casa, coches eléctricos o híbridos….

     Nos queda mucho por hacer, y ya es hora de que nos pongamos manos a la obra. Como dice Joaquín Araujo, “Comemos y bebemos paisaje”, el dinero no se come, así que debemos cuidar el planeta entre todos. Mientras tanto, SaLud y buen vino.

SaLud

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