Corría el año 1640 cuando los españoles perdíamos una batalla que nos acabó arrebatando el dominio que teníamos sobre portugal. Sí, durante 60 años habíamos “gobernado” el país pero ahora se nos había escapado de las manos. El reciente rey Juan IV iniciaba así una nueva dinastía (la última en este país) y rápidamente se ponía manos a la obra para recuperar la gloria portuguesa. Esta tarea prometía ser complicada y era consciente de que para ello lo que más necesitaba era el reconocimiento de su reciente reinado por parte de los otros monarcas. Además, sabía que si contaba con el apoyo de Inglaterra, ya tendría mucho ganado. Pero, ¿por qué el apoyo inglés? A lo largo de la historia, los reyes portugueses habían mantenido una estrecha relación con Inglaterra, tanto que hoy en día sigue vigente y lo conocemos como el tratado diplomático más antiguo del mundo: el Tratado de Windsor (1386). 

Casamiento Joao I
Tratado de Tordesillas

     Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con el té? Para llegar ahí debemos indagar un poco más en la historia portuguesa, pues no todos saben que un país tan pequeño como Portugal fue dueño de medio mundo -compartido con España- durante el siglo XV (Tratado de Tordesillas). Las ansias de expansión fueron tales que empezaron descubriendo las Canarias (sí, es cierto, ellos llegaron primero) y alcanzaron lugares que apenas se cartografiaban bien en los mapas como la India, Canadá o China. De todos los lugares fueron trayendo aquello que más les llamó la atención, desde lo más pequeño (semillas, especies) hasta lo más inimaginable (rinocerontes, maderas exóticas, porcelana…). Fue en China donde, entre otras cosas, conocieron el chai, llamado en portugués chá. 

     Volviendo a la historia del ahora nuevo rey portugués, Juan IV, y su antigua relación con Inglaterra, este va a terminar organizando en 1662 la boda de su hija Catalina Enriqueta de Braganza, con Carlos II de Inglaterra, convirtiéndose esta a sus 24 años en la que sería la única reina de origen portugués en dicho país. Evidentemente cuando Catalina llegó fue toda una revolución y aunque se tuvo que adaptar a las costumbres del lugar siguió manteniendo sus propios rituales y hábitos; por eso se cuenta que siempre iba acompañaba a cualquier lugar de una cajita con unas hierbas que le gustaba mucho tomar con agua caliente. Hasta el momento en Inglaterra el uso de este tipo de hierbas sólo era a nivel medicinal. Lo curioso es lo que ponía grabado en la caja: T.E.A., que son las siglas que corresponde a “transporte de ervas aromáticas” (transporte de hierbas aromáticas). Fue, de esta forma, como Catalina comenzó a introducir en la Corte la costumbre de tomar esta bebida que se volvería famosa y se convertiría en tradición y en un símbolo totalmente inglés, sin ninguna conexión con Portugal. 
     Hoy en día el té es una de las bebidas más consumidas en el mundo y China sigue siendo su principal productor, albergando casi el 40% de la producción mundial. 
        Como anécdota, Portugal produce también té desde el siglo XIX y podemos encontrar sus plantaciones (las cuales bien merecen una visita) en la isla de las Azores.

SaLud

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María Castelló

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