Esta semana que Will Smith se ha liado a Hostias con Chris Rock como suele hacer en sus películas, da la casualidad que estamos a nada de comenzar la Semana Santa. No voy a entrar en si está bien o está mal lo que hizo, para eso hay miles de twits, webs y demás medios para comenta y leer. Yo voy a algo más celestial, los vinos de Misa. Porque con Hostias y vino, se hace el camino. 

    Que el vino está íntimamente unido a las religiones, es algo obvio. Y las tres religiones monoteistas han sido muy intensas con esto del vino. La religión cristiana promocionó el vino mejor que ninguna red social actual, la religión judía permitía el consumo, pero con un montón de peros. Ponían tantas clausulas, que parecía más un contrato del banco, que unas recomendaciones para consumir vino. Y la religión musulmana directamente prohibía su consumo.

    Pero el vino no solo tiene que ver con estas religiones, antes de eso los persas ya cultivaban vides. Cuenta la leyenda que en el año 4000 antes de cristo, un ave dejó caer a los pies del rey y semi-dios Djemchid unas semillas que crecieron y dieron frutos (uvas). Estas fueron recolectadas y guardadas en el depósito real, fermentando al poco tiempo. 

     Cuando la esposa favorita del rey, por culpa de celos hacia otra mujer intentó suicidarse bebiendo de este extraño liquido, resultó que en lugar de envenenarse, se cogió un colocón del quince, y se puso a bailar y cantar.  El rey llamó a esa bebida Darou é Shah, que significa «el remedio del Rey». De la deformación de esa palabra deriva el nombre de Shiraz, Syrah, o Sirah. Decían los persas, que allí nació el vino.

     Luego llegaron los egipcios, quienes creían que el dios Ra, creador del mundo había entregado el vino a los mortales. Para su custodia se encargó Osiris, quien según cuenta la leyenda, cuando nació las aguas del Nilo se convirtieron en vino. (aquí ya veis de donde vienen ciertas historias de convertir el agua en vino). Osiris fue asesinado y troceado en 26 partes que fueron lanzados al río. Su mujer, toda una campeona los buscó todos y los unió, y el poderoso efecto del vino lo resucitó. Estos si que son guionistas buenos y no los de netflix.

    Y luego llegaron los griegos con su todopoderoso dios Dioniso. Hijo de Zeus el mandamás del Olimpo y de la mortal Sélene, cosa que no le hizo ni pizca de gracia a su mujer Hera. Este dios está considerado el dios de las fiestas, placeres, excesos, teatro y festividades varias. Se le considera el descubridor de la viticultura y el que enseñó a los hombres como hacerla. Hera, que estaba molesta con Zeus porque le puso los cuernos con Sélene, hizo que Dioniso perdiera la cordura por culpa de la embriaguez y de esta forma consiguió que diera tumbos por todo el mundo enseñando la viticultura. 

    Los romanos, copiaron todo lo que hicieron los griegos y con los dioses no iban a ser menos. Aqui surgió Baco. Igual que para los griegos era hijo de Júpiter el mandamás de los dioses romanos y Semelé. (El traductor de griego a romano debia tener dislexia). También dios de las fiestas, del vino y la viticultura, quien fue enseñado en su niñez por Sileno. Para el pueblo romano, este dios, Baco, era un dios liberador, que les permitía desconectar y liberarse através de la música y el vino. Acuñando así el nombre de Bacanales a las fiestas que se organizan para desetresarse. 

    Como veis la vinculación del vino con la cultura viene prácticamente desde que el hombre es hombre. Nuestra cultura, ampliamente influenciada por el cristianismo, lo promueve como es decía de manera incesante en todo el viejo y nuevo testamento. Siendo las representaciones artísticas relacionadas con la iglesia y el vino un continuo en la historia del arte. 

   Para los cristianos, hay un momento en la misa que se ofrece el pan y el vino, esto se llama Eucaristía. En la eucaristía en donde se coge el pan sacramental, un pan hecho sin levadura y el vino.  Esta simbología, hace referencia a la última cena de Jesucristo con sus discípulos y esta conmemoración se celebrará en las próximas semanas, la Semana Santa. Es en evangelio de Lucas 22:19 donde se cuenta como Jesús, en la última cena dijo : «haced esto en mi memoria». Y en el evangelio de San Mateo 26:26-29 «Tomad y bebed todos de él. Porque este el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía».

    Para este fin se usan los llamados Vinos de Misa. Las normativas de elaboración del vino de Misa para la Iglesia Católica se regularon en los concilios de Florentino y de Tridentino; pero fue un padre jesuita quien en 1944 publicó el libro ‘El Pan y el Vino Eucarístico’ donde recoge una estricta normativa sobre la elaboración de vinos aptos para la consagración.

     El vino eucarítico debe ser un vino que haya fermentado con levaduras naturales, excepto cuando haya problemas de arranque con la fermentación alcohólica, y no se permiten sin colorantes ni conservantes. La variedad permitida es la vitis vinifera, pero no son válidos si provienen de vides salvajes. La normativa dice que se prefieren los vinos dulces, puesto que son más fáciles de asimilar por los curas que los han de tomar en ayunas. Y que el contenido de azúcares debe provenir de manera natural, estando prohibida la chaptalización o la adición de alcohol al mosto, ni mistelas.

     En Italia es tradición usar el Moscato. En España se han usado Mistelas, Pajarete, Moscatel o alguno autorizado de la D.O. Jerez, Tarragona o Terra Alta. En cualquier caso siempre han de tener el impreso en la etiqueta «Apto para la Santa Misa».

     A mi los vinos dulces es algo que me apasiona, por lo que siempre recomiendo los vinos de misa que se pueden comprar para consumo en casa y que hay autenticas joyas a precios más que razonables.

 

SaLud

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