Las uvas de la ira o “The grapes of Wrath”, es una novela escrita por John Steinbeck en 1939 y que tuvo la distinción del premio Pullitzer en 1940. El libro trata el drama del éxodo y la emigración de personas por culpa de la sequía desde Oklahoma y Texas a la tierra prometida de California. Es una obra intemporal que aborda temas vigentes de la humanidad como la expropiación de tierras por los bancos, en este caso tras la crisis de 1929, la solidaridad obrera, la cárcel como método disciplinario inútil, el odio y la discriminación hacia los emigrantes… Una novela inmensa que tuvo su versión cinematográfica en el mismo año del premio Pullitzer en 1940, dirigida por John Ford y cuya versión es más optimista que la novela.

     Esta película tuvo varias candidaturas a los oscars, y ganó 2, el de mejor director y mejor actriz de reparto, Jane Darwell. Un peliculón en palabras mayores, muy humana, en donde narra la dureza de la vida, situaciones que a fecha de hoy, 81 años más tarde siguen vigentes más que nunca.

    La lucha de una madre pesimista que lucha por mantener a flote a su familia, sin un premio final. Una película duramente realista bajo la dirección de uno de los directores mayores de todos los tiempos.

     Y ahora os preguntaréis,.. y  todo este rollo, que tiene que ver con el vino.. Pues que este vino comparte nombre con el título y con  la película. Y es de un viticultor, procedente de familia viticultura, Jiménez-Landi y que que son la leche. Daniel Gómez Jiménez-Landi ha hecho un trabajo de viticultura heroica en la sierra de Gredos. Ya bien sea junto con su amigo Fernando García, con quien comenzaron una aventura tras coincidir en el Master de Viticultura de la Universidad Politécnica de Madrid, fundando el proyecto “Comando G”.

     Si sí, los que tenemos una edad recordamos bien el nombre, y se nos vienen a la cabeza miles de imágenes de unos dibujos animados con trajes de pájaros espaciales. Según ellos, quisieron hacer este guiño para quitarle hierro al mundo del vino, pero también porque la G, representaba tres valores para ellos muy importantes, Gredos, Granito y Garnacha.

    Este proyecto es la búsqueda de la identidad y de el alma de cada suelo. Buscando el respeto por el terreno y por la variedad. Elaborando en “Ecológico” bajo principios del biodinamismo, queriendo entender la naturaleza y buscando maduraciones equilibradas.


     O bien en solitario con un proyecto muy personal y  al cual pertenece “Las uvas de la Ira”. Viña vieja y poco intervencionista. También bajo los aspectos de ecológico y biodinamimo. Este vino se engloba dentro de la D.O. Méntrida, en el pueblo El Real de San Vicente. Con viñedos de 60 años y situados entre 750  y 800 metros de la variedad Garnacha y como no puede ser de otra forma, de suelos graníticos y con arena en superficie. Utiliza levaduras autóctonas y fermenta el 100% del raspón en maceraciones cortas en barricas de roble sin remontados ni extracciones agresivas. Es un vino que luego pasa a fudres franceses en donde estará 10 meses.

    Es un vino de un color precioso, con aromas minerales y toques especiados. Frutas de bosque que recuerdan a las grosellas, moras y frambuesas. Ligeramente balsámico. En boca es muy fresco y frutal. Sedoso y etéreo. Ligero y muy fácil de beber. Un auténtico placer para deleitarse y disfrutar. Este vino lo podríamos guardar en casa en condiciones optimas (no podría ser de otra forma), entre 4 y 5 años porque tiene una acidez perfecta. Ideal para acompañarlo con embutidos, tartar de carne o incluso un teriyaki de salmón ¡!

     Y un por un precio de 20 €. Que sí que se engloba dentro de los precios elevados, pero que para el trabajo que se ha hecho para conseguir este vino, es un magnifico precio en relación  calidad-precio-esfuerzo.

SaLud
SaLud

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.